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Cuando el cristianismo era nuevo
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janhm






Registrado: 15 Jun 2007
Mensajes: 4052
Ubicación: Carrizal. Miranda

MensajePublicado: Lun Ene 28, 2013 5:06 pm    Título del mensaje: Cuando el cristianismo era nuevo Responder citando

Cuando el cristianismo era nuevo

Introducción



Escándalos de sexo y dinero. Una plaga abrumadora de divorcio. Jóvenes toxicómanos. Una mundanería creciente. La iglesia evangélica de hoy está haciendo batalla en todas estas frentes. Y parece que estamos perdiendo campo a las invasiones persistentes del mundo.

Tal vez la respuesta a estos problemas no está en el presente sino en el pasado. Había una época en que la iglesia ganaba estas batallas con el mundo. En este libro el autor le lleva a un viaje fascinador a aquel tiempo, al principio del segundo siglo. He aquí la historia inspirador de los cristianos de aquella época, de sus creencias y prácticas. Usted verá cómo ganaron la victoria sobre el mundo en los primeros siglos . . . sólo para perderla al fin.

Con todo, este libro no es sólo otro libro de historia. Propone soluciones nuevas y creadoras para los problemas que nos enfrentan hoy. Llama a la iglesia actual a que vuelva a lo que distinguía al cristianismo primitivo: la santidad sencilla, el amor infalible, y la abnegación incansable.

Cuando el cristianismo era nuevo une la erudición sana con una legibilidad extraordinaria para los cristianos ordinarios de la actualidad. Pero si usted busca soluciones superficiales para los problemas de la iglesia de hoy, mejor busque por otro lado. Este libro provocador desafía la sabiduría tradicional del mundo evangélico, guiando al lector a un andar más cerca de Dios: el andar de los cristianos primitivos.

Cuando el cristianismo era nuevo. Copyright © 1994, David W. Bercot. Todos los derechos reservados.

Cubierta, copyright © 1994, Robyn Miller

Traducido del inglés por Ernest Strubhar
Obras citadas

Todas las citas de los cristianos que vivieron antes del concilio de Nicea son de: Roberts, Alexander, and Donaldson, James, editores, The AnteNicene Fathers. 10 tomos. Grand Rapids, Michigan, E.E. U.U.: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1985.

Todas las citas de Eusebio, Sócrates, y los otros escritores (menos Agustín) que vivieron después del concilio de Nicea son de: Schaff, Philip, and Wace, Henry, editores, The Nicene and PostNicene Fathers, Second Series. 10 tomos. Grand Rapids, Michigan, E.E. U.U.: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1982.

Todas las citas de Agustín son de: Schaff, Philip, editor, The Nicene and PostNicene Fathers, First Series. 10 tomos. Grand Rapids, Michigan, E.E. U.U.: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1983.

Todas las citas de Martín Lutero, excepto por las de The Bondage of the Will, son de: Lutero, Martín. Works of Martin Luther—The Philadelphia Edition. 6 tomos. Traducidos por C. M. Jacobs. Grand Rapids, Michigan, E.E. U.U.: Baker Book House, 1982.

Todas las citas de Menno Simonis son de: Simons, Menno. The Complete Writings of Menno Simons. Traducido por J. C. Wenger. Scottdale, Pennsylvania, E.E. U.U.: Herald Press, 1956.

Una característica notable de los escritores griegos y latinos (y algunos de los alemanes) es que escribieron oraciones sumamente largas. A veces una sólo oración llenaba una página entera. Donde podía, para hacer esta obra más leíble, dividí tales oraciones en dos o más oraciones más cortas. También utilicé palabras sencillas y comunes en lugar de las arcaicas y eruditas de los traductores.

Excepto donde se nota, todas las citas de La Santa Biblia son de la Versión Reina Valera, revisión de 1960, publicada por las Sociedades Bíblicas en América Latina.
Otras obras citadas son:

Cairns, Earle E. Christianity Through the Centuries. Grand Rapids, MI, E.E. U.U.: Zondervan Publishing House. 1954.

Calvino, Juan. Treatises Against the Anabaptists and Against the Libertines. Traducido por Benjamin Wirt Farley. Grand Rapids, MI, E.E. U.U.: Baker Book House, 1982.

Calvino, Juan. Institutes of the Christian Religion. 2 tomos. Traducido por Henry Beveridge. Grand Rapids, MI, E.E. U.U.: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1983.

Cho, Paul Yonggi. Salvation, Health and Prosperity. Altamonte Springs, FL, E.E. U.U., Creation House. 1987

Gonzalez, Justo. A History of Christian Thought. 3 tomos. Nashville, TN, E.E. U.U.: Abingdon Press, 1970.

Hagin, Kenneth. How God Taught Me About Prosperity. Tulsa, OK, E.E. U.U.: RHEMA Bible Church, 1985.

Lutero, Martín. The Bondage of the Will. Traducido por Henry Cole. Grand Rapids, MI, E.E. U.U.: Baker Book House. 1976.

McDowell, Josh. Evidence that Demands a Verdict. San Bernadino, CA, E.E. U.U.: Here’s Life Publishers, Inc., 1972.

Panati, Charles. Extraordinary Origins of Everyday Things. Nueva York, E.E. U.U.: Harper & Row, 1987.

Schaeffer, Francis A. How Should We Then Live? Old Tappan, New Jersey, E.E. U.U.: Fleming H. Revell Company, 1976.

Schaff, Philip. History of the Christian Church. 8 tomos. Grand Rapids, MI, E.E. U.U.: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1910.

Spener, Philip Jacob. Pia Desideria. Traducido por Theodore G. Tappert. Philadelphia: Fortress Press, 1964.

Winer, Bart. Life in the Ancient World. Nueva York, E.E. U.U.: Random House, Inc. 1961.


No es mi intención promocionar a la iglesia a la cual pertenece el autor del libro.

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janhm






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Ubicación: Carrizal. Miranda

MensajePublicado: Lun Ene 28, 2013 5:19 pm    Título del mensaje: Responder citando

Policarpo el prisionero


El carro tirado por caballos rodaba por las calles empedradas de la antigua ciudad de Esmirna. El prisionero Policarpo podía oír los gritos del gentío enloquecido dentro de la arena romana. Los perros de la calle seguían al carro, ladrando locamente. Niños curiosos, con ojos llenos de emoción, se corrían a un lado para darle paso. Y caras sin número se asomaban curiosas a las ventanas.

Deteniéndose afuera de los altos muros de la arena, el guarda sacó al prisionero del carro como si fuera un bulto de basura. No le importó que las piernas del prisionero quedaran lesionadas.

Ya hace semanas que el pueblo insistía en que este hombre fuera arrestado y ejecutado. Pero no tenía apariencia de malhechor este anciano delicado, con cara arrugada. Su cabello y barba eran blancos, como las nubes en el cielo mediterráneo aquella tarde. El prisionero entró en la arena, cojeando. Y las nuevas corrieron de una persona a otra que éste era Policarpo, el criminal vil cuya muerte habían venido a ver.

Su delito, ¿cuál era?

Era el líder en aquella ciudad de una secta supersticiosa, la secta conocida por el nombre cristianos.

El anciano, guiado por soldados, se acercó al procónsul romano, mientras el gentío gritaba su aprobación. Querían ver sangre esta tarde. Pero la cara del procónsul se ruborizó. ¿Era éste el criminal peligroso a quien querían dar muerte?

El procónsul se inclinó hacia adelante y habló en voz baja al anciano prisionero.

—El gobierno romano no quiere perseguir a los ancianos. Sólo jura por la divinidad de César y te pondré en libertad.

—Esto no puedo hacer.

—Entonces sólo grita: “Abajo con los ateos”, y bastará. (Ya que los cristianos no tenían ni dioses ni templos, muchos creían que eran ateos.)

Con gran calma el prisionero dio la vuelta y señaló hacia el gentío que gritaba por su muerte. Entonces, mirando hacia el cielo, gritó a toda voz:

—¡Abajo con los ateos!

El procónsul quedó desconcertado al ver la respuesta del prisionero. Este había hecho lo que se le mandó, pero no de la manera esperada. No satisfaría al gentío loco que seguía gritando por su muerte. El procónsul quería poner en libertad a este anciano, pero tenía que aplacar a la gente.

—¡Maldice a Jesucristo! —ordenó.

Por unos momentos Policarpo miró fijamente al rostro severo del procónsul. Luego habló con calma:

—Por ochenta y seis años he servido a Jesús, y él nunca me ha hecho mal alguno. ¿Cómo, pues, podré maldecir a mi Rey y Salvador?

Mientras tanto, la multitud se impacientaba más. Querían sangre, y el procónsul lo sabía. Tenía que hacer algo.

—Jura por la divinidad de César —le instó otra vez.

Pero el prisionero contestó sin demorar:

—Ya que usted aparenta no saber quién soy, permítame ayudarle. Digo sin vergüenza que soy un cristiano. Si usted desea saber qué creen los cristianos, señale una hora, y yo con gusto se lo diré.

El procónsul se agitó.

—No me tienes que persuadir a mí. Persuade a ellos —dijo, señalando hacia la multitud impaciente.

Policarpo dio un vistazo al tumulto que llenaba la arena. Habían venido para ver la diversión de sangre. Eso querían, nada menos.

—No abarataré las enseñanzas de Jesús ante tales personas.

Ahora el procónsul se enojó.

—¿No sabes que tengo a mi poder los animales feroces? ¡Los soltaré de inmediato si tú no te arrepientas de estas necedades!

—Muy bien. Suéltelos —replicó Policarpo, sin miedo—. ¿Quién ha oído jamás de que una persona se arrepintiera de lo bueno para andar en pos de lo malo?

El procónsul solía vencer aun a los criminales más fuertes con sus amenazas, pero este anciano más bien lo vencía a él. Su cólera montaba.

—Bien, si los leones no te dan miedo, óyeme. ¡Te quemaré vivo si no maldices a Jesucristo ahora mismo!

Lleno del Espíritu Santo, Policarpo contestó con gozo y valor:

—Me amenaza usted con un fuego que se apaga después de una hora. ¿No sabe que vendrá un fuego eterno, el fuego de juicio reservado para los impíos? ¿Por qué esperar más? Haga conmigo lo que va a hacer.

El procónsul no había querido que saliera de esta manera. El había querido conquistar a este viejo. Había esperado verle de rodillas, rogando por misericordia. Pero el prisionero . . . el anciano . . . había conquistado al procónsul. Y éste se recostó en su silla elegante, humillado y enfurecido.

Mandó heraldos a diferentes sitios en la vasta arena para anunciar lo que Policarpo había dicho. Cuando se anunció el último desafío de Policarpo, una ola de furia corrió por la multitud. ¡Esto harían! Lo que ellos habían querido desde el principio. Con gritos agudos, saltaron de sus sillas y corrieron por los corredores. Se lanzaron hacia las puertas que daban a las calles. Corriendo locamente, buscaron leña dondequiera. Saquearon las tiendas. Entraron hasta en los baños públicos y robaron la leña de allí. Y se apresuraron para volver a la arena, cargados con leña para prender el fuego. Amontonaron la leña alrededor de la pira preparada, a la cual los soldados ya clavaban las manos y las piernas de Policarpo.

Pero él habló con confianza a los soldados:

—Déjenme así como estoy. El que me fortalece contra el fuego me ayudará a permanecer en él sin que me aseguren.

Después de permitir que Policarpo orara, los soldados prendieron el fuego.1

Al quemar a Policarpo, el pueblo de Esmirna creía que lo pondrían en el olvido y que la despreciada secta de los cristianos se acabaría. Como el procónsul que había esperado intimidar a Policarpo, así creía el pueblo que los cristianos se intimidarían y olvidarían su fe. ¡Qué equivocación! Resultó todo lo contrario. En vez de intimidarse por la muerte de Policarpo, su líder, los cristianos cobraron más ánimo. Y su número aumentó.

Paradójicamente, lo que los romanos no podían hacer, la iglesia misma después hizo. Hoy en día, el nombre de Policarpo descansa en el olvido, y el cristianismo de aquel entonces no existe.

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Cheito






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Ubicación: Bqto

MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 9:19 am    Título del mensaje: Responder citando

Lástima que al cristianismo lo destruyeron los romanos, cuando la iglesia romana se adueñó de el.

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Ahora los fariseos conversos, los mismos que mattaron a Jesús, y luego mataron a Pedro, son los que gobiernan a lo único que queda del imperio romano, la ICAR, iglesia católica apostólica y ROMANA.

Constantino y su combo, acabaron con Jesús y su filosofía, para distorcionarla hacia una especie de cuento de hadas con el único objeto de poder ser mas poderosos en su imperio.

Citas biblicas demostrando lo absurdo de la imposición de la mítica trinidad.

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multiverso






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MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 9:32 am    Título del mensaje: Responder citando

Cheito escribió:
Constantino y su combo, acabaron con Jesús y su filosofía, para distorcionarla hacia una especie de cuento de hadas con el único objeto de poder ser mas poderosos en su imperio.

Parte del combo de Constantino estuvo compuesto por los mismos "líderes" del cristianismo de la época como Silvestre, el famoso papa involucrado en uno de los fraudes más famosos de la historia universal: la donación de Constantino de la mitad del imperio romano al cristianismo como "pago" por el "milagro" de haberse curado de tuberculosis por obra de lo que los creyentes llaman "dios".
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Cheito






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Ubicación: Bqto

MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 9:39 am    Título del mensaje: Responder citando

multiverso escribió:
Cheito escribió:
Constantino y su combo, acabaron con Jesús y su filosofía, para distorcionarla hacia una especie de cuento de hadas con el único objeto de poder ser mas poderosos en su imperio.

Parte del combo de Constantino estuvo compuesto por los mismos "líderes" del cristianismo de la época como Silvestre, el famoso papa involucrado en uno de los fraudes más famosos de la historia universal: la donación de Constantino de la mitad del imperio romano al cristianismo como "pago" por el "milagro" de haberse curado de tuberculosis por obra de lo que los creyentes llaman "dios".
Esa no la sabía, voy a leer un poco al respecto.
Wink
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multiverso






Registrado: 07 Abr 2010
Mensajes: 1225

MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 9:54 am    Título del mensaje: Responder citando

Cheito escribió:
multiverso escribió:
Cheito escribió:
Constantino y su combo, acabaron con Jesús y su filosofía, para distorcionarla hacia una especie de cuento de hadas con el único objeto de poder ser mas poderosos en su imperio.

Parte del combo de Constantino estuvo compuesto por los mismos "líderes" del cristianismo de la época como Silvestre, el famoso papa involucrado en uno de los fraudes más famosos de la historia universal: la donación de Constantino de la mitad del imperio romano al cristianismo como "pago" por el "milagro" de haberse curado de tuberculosis por obra de lo que los creyentes llaman "dios".
Esa no la sabía, voy a leer un poco al respecto.
Wink


El estudio y análisis del origen de la riqueza y el poder de la ICAR es un ejercicio fascinante de investigación política. Con toda razón los albigenses (pueblo arrasado y asesinado por la ICAR) la llamaban LA PUTA DE BABILONIA.
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revolucion1954






Registrado: 29 Ago 2009
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MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 11:20 am    Título del mensaje: Responder citando

Cheito escribió:
multiverso escribió:
Cheito escribió:
Constantino y su combo, acabaron con Jesús y su filosofía, para distorcionarla hacia una especie de cuento de hadas con el único objeto de poder ser mas poderosos en su imperio.

Parte del combo de Constantino estuvo compuesto por los mismos "líderes" del cristianismo de la época como Silvestre, el famoso papa involucrado en uno de los fraudes más famosos de la historia universal: la donación de Constantino de la mitad del imperio romano al cristianismo como "pago" por el "milagro" de haberse curado de tuberculosis por obra de lo que los creyentes llaman "dios".
Esa no la sabía, voy a leer un poco al respecto.
Wink


Las mentiras que no tienen cabida en la historia
Miren la calidad del chisme del Mister multiuniverso.

El Papa Silvestre que en realidad no era papa sino obispo que fue el primero en no morir mártir
Pues desde los tiempos de Pedro y Pablo todo murieron asesinados.

Gracias que Costantino hizo el edicto de Milán que cesaba por porte del Estado la persecución de los Cristianos.
Mentiras Costantino se convirtió al Cristianismo en el lecho de muerte.
El Obispo San Silvestre nunca estuvo en el concilio de Nicea y tampoco era Papa
Aunque Silvestre es identificado con “Papa” por muchos escritores, todo cronista serio e imparcial de la historia cristiana sabe que no había “Papas” en Roma durante aquellos primeros siglos del cristianismo. Una mayoría de los obispos que participaron en el concilio estaban más o menos de acuerdo con la enseñanza de Arriano, presbítero de la iglesia en Alejandría, Egipto.
Que se discutió en ese consilio lo siguiente; Que Jesucristo no había existido desde la eternidad y que no era de la misma sustancia de Dios el Padre.
Lean como el engañador difama a quienes hasta ese momento eran perseguidos, torturados, asesinados como mártires en la arena de los teatros romanos.

Vean como la Biblia es matemáticamente exacta, estos señores son de la misma matriz de aquellos perseguidores de los Cristianos.
Todos los obispos eran de la parte oriental del Imperio Romano, con la excepción de tan solo cinco del occidente. El obispo de Roma, Silvestre I, no asistio
El primer Concilio ecuménico se celebró en el año 325 en Nicea
Fue convocado por el emperador Costantino I el Grande, por consejo del obispo San Osio de Córdoba.
El año 355 el emperador proarriano Constancio II decide terminar con la gran influencia de Osio y obligarle a que condene a san Atanasio. Ante las insidias imperiales, el obispo cordobés le responde en una epístola (356):
Yo fui confesor de la fe cuando la persecución de tu abuelo Maximiano. Si tú la reiteras, estoy dispuesto a padecerlo todo antes que a derramar sangre inocente ni ser traidor a la verdad. Haces mal en escribir tales cosas y en amenazarme (...) Dios te confió el Imperio, a nosotros las cosas de la Iglesia (...) Ni a nosotros es lícito tener potestad en la tierra, ni tú, Emperador, la tienes en lo sagrado...Es el primer texto en el que aparece la figura de la separación entre autoridad eclesiástica y autoridad civil. Constancio obliga a comparecer a Osio, ya centenario, ante un concilio arriano, donde se le presionó, azotó y atormentó, negándose rotundamente a firmar la condenación de Atanasio. Osio es desterrado a Sirmio, en Panonia, y muere, con 101 años, lejos de su tierra y de su diócesis
Aquí se lee ciertamente como la iglesia se opone a inmiscuirse con el Estado y de como a su edad fue torturado, por orden del emperador.
De los regalo de Costantino cabe recordar que a los cristianos por tres siglos se les había expropiado todo sus bienes así que no hubo regalo sino restitución que ni siquiera el 1% de todo lo incautado.
Las mentiras y falsedades en contra de la iglesia, como ven aun el Obispo Osorio despues del Concilio de Nicea fue torturado y eso que era un anciano.

Las obra del engañador

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La luz vence a las tinieblas, creando nuevos espacios expropiados a las tinieblas, pero las tinieblas acechan desde los confines en los cuales son relegadas...
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multiverso






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MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 11:46 am    Título del mensaje: Responder citando

revolucion1954 escribió:
Las mentiras que no tienen cabida en la historia
Miren la calidad del chisme del Mister multiuniverso.
El Papa Silvestre que en realidad no era papa sino obispo que fue el primero en no morir mártir
Pues desde los tiempos de Pedro y Pablo todo murieron asesinados.

Para tu información, revo, Silvestre I fue el papa número 33 y "gobernó" desde el 30/01/314 hasta el 31/12/335. Ve con tus embustes para otro lado, te estás´pareciendo al "adeco transparente". Eso lo puedes consultar a cualquier cura de parroquia o al Anuario Pontificio de la Iglesia Católica.
Defender la procedencia de los bienes de la ICAR es una actitud muy "católica" de tu parte. Seguro que Benedicto, el nazi, estará muy agradecido contigo.
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multiverso






Registrado: 07 Abr 2010
Mensajes: 1225

MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 12:12 pm    Título del mensaje: Responder citando

revolucion1954 escribió:
Las mentiras y falsedades en contra de la iglesia, como ven aun el Obispo Osorio despues del Concilio de Nicea fue torturado y eso que era un anciano.


¿Por qué no le cuentas al foro el origen, las intenciones y las hazañas de las cruzadas?
Cuéntale también las peripecias de Almarico, el legado papal de Inocencio III, que exterminó a los cátaros. También las aventuras de Giovanni Paccelli, alias Pío XII, jalabolas y colaborador de Hitler.... y cientos y cientos de ejemplos que caracterizan a esa iglesia explotadora de la conciencia de la gente con sus cuentos y mitos.
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janhm






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Mensajes: 4052
Ubicación: Carrizal. Miranda

MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 2:27 pm    Título del mensaje: Responder citando

Debido a que mi intención es traer la historia del cristianismo en sus comienzos, no voy a intervenir en ninguna discusión ya que muchas de las equivocaciones que cometemos en ligar el cristianismo con los desmanes de la Iglesia Católica, quedan esclarecidas en esta presentación histórica. Son 18 capítulos muy interesantes, esclarecedores y entretenidos. Disfrútenlos.

¿Quiénes eran los cristianos primitivos?


Todavía recuerdo que el profesor de inglés en la universidad trataba de impresionarme con la importancia de definir los términos que usaba en mis composiciones. Le presté poca atención en aquel entonces, pero me di cuenta de la importancia de su consejo cuando empecé a hablar de los cristianos primitivos. Siempre alguien me hacía la pregunta: “¿Qué quiere decir usted cuando se refiere a ‘los cristianos primitivos’?”

Permítame, pues, definir este término. Cuando hablo de “los cristianos primitivos”, me estoy refiriendo a los cristianos que vivían entre los años 90 y 199 d. de J.C.

El apóstol Juan estaba vivo al principio de esta época. En esta primera generación de cristianos primitivos, había gente que había conocido personalmente a alguno de los apóstoles. Habían recibido instrucción de ellos. Policarpo sirve como ejemplo de tales personas. El fue instruido por el apóstol Juan. Esta época terminó con un hombre que fue enseñado por Policarpo: Ireneo. Así había un solo eslabón humano entre él y los apóstoles.

Al decir “cristianismo primitivo”, me estoy refiriendo a las creencias y prácticas de la comunidad de cristianos primitivos, en todo el mundo, que mantenían los vínculos de compañerismo entre sí. No hablo de las creencias y prácticas de los que eran llamados herejes. Usando la figura de la parábola en Mateo 13.24-30, hablo sólo del trigo. No hablo del campo que contenía tanto el trigo como la cizaña.

Entonces este libro se dedica a describir a los cristianos que vivieron entre los años 90 y 199 d. de J.C. Pero los cristianos del siguiente siglo generalmente mantuvieron las mismas creencias y prácticas. Los grandes cambios en la doctrina cristiana se hicieron después de 313, año en que el emperador romano Constantino legalizó el cristianismo. Por esta razón, en este libro utilizo algunas citas de escritores que vivieron entre los años 200 y 313, con tal que concuerden con las creencias de los que vivieron en el siglo después de los apóstoles.
¿Eran éstos “los santos padres”?

Cuando yo empiezo a hablar de los escritores entre los cristianos primitivos, muchas personas luego responden: “Ah, bien. Usted se refiere a ‘los santos padres’ de la iglesia.”

Pero estos escritores no eran “santos padres de la iglesia”. La mayoría de ellos eran cristianos ordinarios que trabajaban con sus manos, aunque sí tenían más educación que muchos otros en su tiempo. Se hubieran indignado con cualquier persona que se hubiese atrevido a llamarlos “santos padres”. No tenían tal nombre. Los únicos “padres” de la iglesia que ellos conocían eran los apóstoles—y no los llamaron padres.

En verdad, el hecho de que estos escritores no eran padres de la iglesia añade gran valor a sus escritos. Si ellos fueran “padres” de algún gran sistema teológico, sus escritos serían de poco valor para nosotros. En tal caso, aprenderíamos sólo las doctrinas que tales teólogos hubieran propuesto. Pero los cristianos en el segundo siglo no escribieron obras de teología. Ningún cristiano del segundo siglo puede ser llamado teólogo. No existía en ese tiempo una teología sistemática en el sentido actual, ni en todo el mundo antes del emperador Constantino.

Los escritos de la iglesia primitiva pueden ser divididos en tres clases: (1) obras de apología que defendían las creencias cristianas frente a los ataques de los judíos y de los romanos; (2) obras que defendían al cristianismo contra los herejes; y (3) correspondencia entre iglesias. Estos escritos dan testimonio de las creencias y prácticas universales en la época después de la muerte de los apóstoles. Y es esto lo que les da gran valor.

Si hubiera un cristiano entre los años 90 y 313 a quien pudiéramos llamar “teólogo” sería Orígenes. Pero Orígenes no imponía sus creencias sobre otros cristianos. Al contrario, el era el menos dogmático de todos los escritores de los primeros siglos de la época cristiana. Y en esta época ningún escritor mantenía un dogma estricto, sino sólo en los puntos más básicos de la fe cristiana.

Uno de los distintivos del cristianismo primitivo es la carencia de muchos dogmas inflexibles. En realidad, mientras más atrás uno va en la historia del cristianismo, menos de teología halla. Sin embargo, aunque había mucha diversidad entre los cristianos primitivos, todavía hallé que había muchos de los mismos temas y creencias expresados en todos los escritos de ellos. Este libro examina estas creencias y prácticas universales de los cristianos primitivos.

Con este propósito, no hablo en este libro de ninguna creencia ni práctica de la iglesia primitiva a menos que cumpla los siguientes requisitos:

1. Todos los cristianos primitivos que escriben del tema concuerdan en lo que dicen; y

2. Por lo menos cinco escritores, distantes los unos de los otros en cuanto a geografía y tiempo, escriben del mismo tema.

Realmente, la mayoría de los puntos que presento en este libro son apoyados por el testimonio de más de cinco escritores.
Una introducción breve a ocho de los escritores principales

Antes de presentar las creencias de los cristianos primitivos, quiero introducir algunos de los escritores principales los cuales voy a citar:
Policarpo—Discípulo del apóstol Juan

Policarpo, de cuya muerte hablamos en el primer capítulo, servía de modelo de fe y de devoción a las congregaciones de Asia. En su juventud él acompañó al apóstol Juan y aprendió a sus pies. Evidentemente, Juan mismo lo ordenó como obispo de la congregación en Esmirna.2 Si es correcto que “los ángeles” de las siete iglesias de Apocalipsis se refieren a los obispos de las iglesias, entonces “el ángel” de la iglesia en Esmirna pueda haber sido el mismo Policarpo. (Véase Apocalipsis 1.20 y 2.8.) Si es así, qué grato es notar que el Señor Jesucristo no reprendió en nada a la iglesia de Esmirna.

Policarpo vivió hasta una edad de por lo menos 87 años. Fue martirizado alrededor del año 155 d. de J.C.
Ireneo—Eslabón importante con los apóstoles

Uno de los discípulos personales de Policarpo fue Ireneo, quien después se mudó a Francia como misionero. Cuando el obispo de la congregación en Lyon fue muerto en una ola de persecución, Ireneo fue llamado para tomar su lugar. La iglesia en todo el mundo elogiaba a Ireneo como hombre justo y piadoso. Como discípulo de Policarpo, quien a su vez era discípulo del apóstol Juan, Ireneo sirve como eslabón importante con la época de los apóstoles. Fue martirizado cerca del año 200.
Justino—Filósofo convertido en evangelista

Durante la vida de Policarpo, un filósofo joven llamado Justino emprendió un viaje espiritual en búsqueda de la verdad. El solía andar en un campo solitario que miraba hacia el Mar Mediterráneo para meditar. Un día mientras andaba allí vio que un anciano caminaba tras él. Deseando la soledad, Justino se dio vuelta y miró bruscamente al anciano intruso. Pero el anciano no se molestó. Más bien comenzó a conversar con Justino.

Al aprender que Justino era filósofo, el anciano le hizo preguntas escudriñadoras, preguntas que ponían a la luz lo vacío de la filosofía humana. Años después, Justino contó los recuerdos de aquel encuentro, escribiendo: “Cuando el anciano había terminado de hablar estas cosas y muchas más, se fue, exhortándome a que meditara en lo que había hablado. Desde entonces no lo he visto, pero de inmediato una llama se encendió en mi alma. Me inundó un gran amor por los profetas y los amigos de Cristo. Después de reflexionar más en lo que el anciano me había dicho, me di cuenta de que el cristianismo era la única filosofía verdadera y valiosa.”3

Aun después de convertirse al cristianismo, Justino siempre se ponía su túnica de filósofo para dar a conocer que él había hallado la única filosofía verdadera. En verdad, él se convirtió en evangelista para los filósofos paganos. Dedicó su vida a aclarar el significado del cristianismo a los romanos cultos. Sus defensas escritas a los romanos son las apologías cristianas más antiguas que existen.

Justino se demostró evangelista capacitado. Convirtió a muchos romanos a la fe cristiana, tanto cultos como incultos. Al fin, un grupo de filósofos, tramando su muerte, le mandaron aprehender. Justino escogió morir antes de negar a Cristo. Fue martirizado hacia el año 165. Después de su muerte, fue conocido por muchos como Justino el mártir.
Clemente de Alejandría—Instructor de nuevos conversos

Otro filósofo que halló el cristianismo en su búsqueda de la verdad fue Clemente. Viendo la vanidad de la filosofía humana, se volvió a Cristo. Después de convertirse en cristiano, viajó por todo el imperio romano, aprendiendo los preceptos de la fe cristiana personalmente de los maestros cristianos más ancianos y estimados. Los escritos de Clemente, fechados hacia el año 190, reflejan la suma de la sabiduría de sus maestros. Han inspirado a muchos cristianos a través de los siglos, inclusive a Juan Wesley.

Con el tiempo, Clemente se mudó a Alejandría, Egipto. Fue ordenado anciano en aquella congregación y encargado de instruir a los nuevos conversos. Por lo general se le llama “Clemente de Alejandría” para distinguirlo de otro Clemente, quien era obispo de la iglesia en Roma a fines del primer siglo. En este libro, si no lo explico de otra manera, cuando hablo de “Clemente” me refiero a Clemente de Alejandría.
Orígenes—Una mente aguda dedicada a Dios

Entre los alumnos de Clemente en Alejandría había un joven hábil llamado Orígenes. Cuando Orígenes tenía sólo 17 años, estalló una persecución severa en Alejandría. Los padres de Orígenes eran cristianos fieles, y cuando su padre fue apresado, Orígenes le escribió una carta, animándolo a que permaneciera fiel y no renunciara a Cristo por causa de su preocupación por su familia. Cuando se anunció la fecha para su juicio, Orígenes decidió acompañar a su padre al juicio para morir con el. Pero durante la noche anterior, mientras dormía, su madre escondió toda su ropa para que no pudiera salir de la casa. Así es que se le salvó la vida.

Aunque tenía sólo 17 años, Orígenes se distinguió en la iglesia de Alejandría por el cuidado amoroso que prestaba a sus hermanos en la fe durante la persecución. Pero las turbas enfurecidas también notaron el cuidado de Orígenes por los cristianos perseguidos, y en varias ocasiones Orígenes apenas escapó con la vida.

Orígenes había aprendido la gramática y la literatura griega de su padre, y empezó a dar clases privadas para sostener a sus hermanos menores. Era maestro tan sobresaliente que muchos padres paganos mandaron a sus hijos a recibir instrucción de Orígenes. Pero muchos de estos jóvenes se convirtieron en cristianos como resultado del testimonio de Orígenes.

Mientras tanto, Clemente, el maestro encargado del adoctrinamiento de los nuevos conversos, estaba en peligro. Los oficiales de la ciudad tramaron su muerte, y él se vio obligado a escapar a otra ciudad para continuar su servicio cristiano. En una decisión extraordinaria, los ancianos cristianos de Alejandría le nombraron a Orígenes, de sólo 18 años, para tomar el lugar de Clemente como maestro principal en la escuela para los nuevos conversos. Fue decisión sabia, y Orígenes se dedicó de corazón a la obra. Dejó su profesión de pocos meses como instructor de gramática y literatura. Vendió a plazos todos sus libros de obras griegas, viviendo en la pobreza de lo poquito que recibió mensualmente de la venta de ellos. Rehusó aceptar sueldo alguno por su trabajo como maestro cristiano. Y después de sus clases de cada día, estudiaba las Escrituras hasta horas avanzadas de la noche.

Pronto Orígenes llegó a ser uno de los maestros más estimados de su día. A los pocos años, algunos de sus alumnos le pidieron que diera una serie de discursos de exposición bíblica, comentando sobre cada libro de la Biblia, pasaje por pasaje. Los alumnos pagaron escribas los cuales escribieron lo que Orígenes decía, y estos escritos llegaron a ser los primeros comentarios bíblicos que se produjeron. No fue intención de Orígenes que estos comentarios se tomaran muy en serio. A menudo él se salía del texto y daba suposiciones personales. En todo el comentario, mantuvo un espíritu apacible, poco contencioso. Muchas veces terminó su discurso, diciendo: “Bien que así me parece a mí, pero puede ser que otro tenga más entendimiento que yo”.

Orígenes tenía una de las más brillantes mentes de su día. Estaba en correspondencia personal con uno de los emperadores romanos. Pero su fama también atrajo la atención de los enemigos de los cristianos. Varias veces tuvo que trasladarse para otro lugar para escapar de la persecución. Sin embargo, llegó a los 70 años. En ese entonces sus perseguidores lo aprehendieron y lo torturaron. Pero por más que lo torturaron, él no negó a Jesús. Y al fin dejaron de torturarlo, exasperados. Con todo, Orígenes nunca se recuperó de la tortura y al fin murió.
Tertuliano—Apologista a los romanos

A los cristianos del occidente, Tertuliano es quizás el más conocido de todos los escritores cristianos de los primeros siglos. Llegó a ser anciano en la iglesia de Cartago en el África del norte.4 Tertuliano era uno de los apologistas más hábiles de la iglesia primitiva. El escribió en latín, no en griego como la mayoría de los cristianos primitivos. A Tertuliano se le recuerda por varios dichos famosos, por ejemplo: “La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia”.

Tertuliano escribió entre los años 190 y 210 d. de J.C. Además de sus obras apologéticas, Tertuliano escribió varias obras cortas, tanto cartas como tratados, para animar a los cristianos apresados o para exhortar a los creyentes que mantuvieran su separación con el mundo.

Al final de su vida, Tertuliano se unió a la secta montanista, la cual por lo general se aferró a la doctrina cristiana ortodoxa, pero añadió normas estrictas sobre la disciplina en la iglesia y el trato duro del cuerpo. Por lo menos la mitad de las obras de Tertuliano se escribieron antes que él se hiciera montanista. Y además, ya que este grupo no se apartó de los fundamentos de la fe cristiana, aun sus escritos de después tienen gran valor en iluminar el pensamiento de los cristianos primitivos. Con todo, he citado de sus obras montanistas sólo con mucho cuidado.
Cipriano—Un rico que todo lo entregó a Cristo

Uno de los alumnos espirituales de Tertuliano se llamaba Cipriano. Había sido romano rico, pero se convirtió en cristiano a la edad de 40 años. Aunque alumno de Tertuliano, no se unió a los montanistas. Siempre se opuso a los herejes y a las tendencias sectarias.

Como cristiano recién convertido, Cipriano estaba tan agradecido por su vida nueva en Cristo que vendió todo lo que tenía y lo repartió a los pobres. Se gozó de estar libre del peso de las responsabilidades de sus posesiones materiales. Sus escritos contienen unas de las palabras más conmovedoras que jamás se han escrito acerca del nuevo nacimiento del cristiano. Su entrega total a Cristo pronto ganó el respeto de la iglesia en Cartago. Después de unos pocos años, en una decisión sin precedente, le llamaron a ser obispo de la iglesia allí.

Los escritos de Cipriano tienen un valor especial ya que constan mayormente de cartas personales a otros ancianos cristianos e iglesias. En sus cartas vemos los intereses y los problemas diarios de las congregaciones cristianas de aquel entonces. Cipriano se vio obligado a trabajar como pastor clandestinamente, ya que durante la mayor parte de su ministerio rugía la persecución contra la iglesia. Como pastor, trabajaba incansablemente, dando su tiempo y su vida por el rebaño de Cristo que le había sido encomendado. Al fin, fue aprehendido por los romanos y decapitado en el año 258.
Lactancio—Maestro del hijo del emperador

Lactancio es poco conocido a los cristianos de hoy en día. En esto, nosotros perdemos, porque Lactancio escribió con claridad y elocuencia extraordinaria. Antes de convertirse al cristianismo, fue instructor célebre de la retórica. Aun el emperador Diocleciano le alabó. Después de su conversión, dedicó sus habilidades literarias a la causa de Cristo. Sobrevivió la última gran persecución de los romanos contra la iglesia al principio del cuarto siglo. Con el tiempo, hizo su hogar en Francia. Aunque Lactancio era muy anciano cuando Constantino se hizo emperador, éste le pidió que volviera a Roma para ser el profesor particular de su hijo mayor.

Los escritos de Lactancio tienen gran importancia para nosotros porque se escribieron al final de la época pre-Constantina de la iglesia. Demuestran ampliamente que la gran mayoría de las creencias cristianas habían cambiado muy poco durante los 220 años entre la muerte del apóstol Juan y el principio del reinado de Constantino.
Si acaso a usted se le olvidan estos nombres...

Bien puedo creer que estos nombres no son conocidos para muchos de ustedes. Pueda que les sea difícil recordarlos. Por este motivo, he incluido un diccionario biográfico al final de este libro. Este diccionario presenta un cuadro biográfico muy breve de todos los escritores que voy a citar en el libro. Es posible que quiera poner un marcador de libro en esta página para que pueda refrescar su memoria sobre cualquier de los nombres que menciono.

En mis primeros borradores de este libro yo describí las creencias y prácticas de los cristianos primitivos, incorporando sólo una cita o dos de ellos en cada capítulo. Pero cuando di estos primeros capítulos a mis amigos para leer, todos ellos comentaron lo mismo: “Queremos oír a los cristianos primitivos, no a usted.” Así es que eso he hecho. He aquí la historia de ellos, contado en gran parte por ellos mismo. Espero que le cambie a usted tanto como me ha cambiado a mí.

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MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 3:17 pm    Título del mensaje: Responder citando

janhm escribió:
Debido a que mi intención es traer la historia del cristianismo en sus comienzos, no voy a intervenir en ninguna discusión ya que muchas de las equivocaciones que cometemos en ligar el cristianismo con los desmanes de la Iglesia Católica
Tienes razón hemos hablado del fin del cristianismo original, y no de sus orígenes. Mejor le dejo que publique lo que tiene por ahí de material sin interrupción.
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janhm






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MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 3:31 pm    Título del mensaje: Responder citando

Ciudadanos del reino de Dios


Al reflexionar sobre el ministerio breve de Jesús en el mundo, el apóstol Juan comentó que si todas las cosas que Jesús había hecho se escribieran una por una, el creía que “ni aun en el mundo entero cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21.25). Con todo, la noche antes de su muerte, Jesús seleccionó de todas sus enseñanzas unos pocos puntos claves, los cuales quería que sus seguidores recordaran de una manera especial.

Podría haber hablado con ellos de las doctrinas claves de la fe cristiana. Pero no lo hizo. Podría haberlos reprendido por la dureza de su corazón y por su incredulidad durante los años de su ministerio. Pero tampoco hizo esto. En cambio, escogió repasar con ellos el plano del edificio más bello que jamás se ha edificado en el mundo—la iglesia. Con un ejemplo gráfico demostró a los apóstoles que aquellos que desearan guiar a la iglesia tienen que ser siervos de todos. También explicó las señales que distinguirían a los miembros de su iglesia. Subrayó tres señales de distinción:
1.La separación del mundo.

“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15.18-19).
2.Un amor sin condición.

“Como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros” (Juan 13.34-35).
3.Una fe obediente.

“Creéis en Dios, creed también en mí. . . . El que me ama, mi palabra guardará” (Juan 14.1, 23).

Juan escribió de estas tres señales hacia el fin del primer siglo. Pero ¿guardó la iglesia estas señales de distinción en el siglo después de la muerte de los apóstoles? ¿Cómo era en verdad la iglesia del segundo siglo?
Un pueblo no de este mundo

“Ninguno puede servir a dos señores”, declaró Jesús a sus discípulos (Mateo 6.24). Sin embargo, a través de los siglos, al aparecer muchos cristianos han tratado de mostrar que Jesús estaba equivocado. Nos hemos dicho que en verdad podemos tener las cosas de dos mundos—las de este mundo y las del mundo venidero. Muchos de nosotros llevamos una vida muy poco diferente de las personas incrédulas con valores conservadores, excepto asistimos a los cultos de la iglesia cada semana. Miramos los mismos programas de televisión. Compartimos las mismas preocupaciones acerca de los problemas del mundo. A menudo, estamos tan enredados en los negocios y en los afanes de las riquezas como nuestros vecinos incrédulos. Así es que muchas veces nuestro “no ser de este mundo” existe más en la teoría que en la práctica.

Pero los cristianos primitivos eran muy distintos de nosotros. Los primeros cristianos se gobernaban por fundamentos y valores muy distintos de sus vecinos. Rechazaron las diversiones del mundo, su honor, y sus riquezas. Ya pertenecían a otro reino, y escuchaban la voz de otro Señor. Esto lo vemos en la iglesia del segundo siglo tanto como en la del primer siglo.

La obra de un autor desconocido, escrito alrededor del 130, describe a los cristianos a los romanos de la siguiente manera: “Viven en sus distintos países, pero siempre como peregrinos. . . . Están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan sus días en el mundo, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen las leyes civiles, pero a la vez, sus vidas superan a esas leyes. Ellos aman a todos los hombres, mas son perseguidos por todos. Son desconocidos y condenados. Son llevados a la muerte, pero [serán] restaurados a la vida. Son pobres, mas enriquecen a muchos. Poseen poco, mas abundan en todo. Son deshonrados, pero en su deshonra son glorificados. . . . Y aquellos que los aborrecen no pueden dar razón por su odio.”1

Ya que el mundo no era su hogar, los cristianos primitivos podían decir sin reserva alguna, como Pablo, “el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1.21). Justino explicó a los romanos: “Ya que no fijamos nuestros pensamientos en el presente, no nos preocupamos cuando los hombres nos llevan a la muerte. De todos modos, el morir es una deuda que todos tenemos que pagar.”2

Un anciano de la iglesia exhortó a su congregación: “Hermanos, de buena voluntad dejemos nuestra peregrinación aquí en el mundo para que podamos cumplir la voluntad de aquel que nos llamó. No tengamos temor de salir de este mundo, . . . sabiendo que las cosas de este mundo no son nuestras, y no fijamos nuestros deseos en ellas. . . . El Señor dice: ‘Ningún siervo puede servir a dos señores’. Si deseamos, pues, servir tanto a Dios como a la riqueza, nuestra vida será sin provecho. ‘Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?’ Este mundo y el venidero son enemigos. . . . Por tanto, no podemos ser amigos de ambos.”3

Cipriano, el anciano de estima de la iglesia en Cartago, destacó el mismo punto en una carta que escribió a un amigo cristiano: “La única tranquilidad verdadera y de confianza, la única seguridad que vale, que es firme y nunca cambia, es ésta: que el hombre se retire de las distracciones de este mundo, que se asegure sobre la roca firme de la salvación, y que levante sus ojos de la tierra al cielo. . . . El que es en verdad mayor que el mundo nada desea, nada anhela, de este mundo. Cuán seguro, cuan inmovible es aquella seguridad, cuan celestial la protección de sus bendiciones sin fin—ser libre de las trampas de este mundo engañador, ser limpio de la hez de la tierra y preparado para la luz de la inmortalidad eterna.”4

Hallamos este mismo tema en todos los escritos de los cristianos primitivos, sean de Europa o de Africa del norte: no podemos tener a Cristo y a la vez al mundo.

Para que no pensemos que los cristianos describían una vida que en realidad no llevaban, tenemos el testimonio de los mismos romanos de esta época. Un enemigo pagano de los cristianos escribió:

“Menosprecian los templos como si fueran casas de los muertos. Rechazan a los dioses. Se ríen de cosas sagradas [de la idolatría]. Aunque pobres ellos mismos, sienten compasión de nuestros sacerdotes. Aunque medio desnudos, desprecian el honor y las túnicas de púrpura. ¡Qué descaro y tontería increíble! No temen las tormentas presentes, pero temen las que quizás vengan en el futuro. Y aunque no temen en nada morir ahora, temen una muerte después de la muerte. . . .

“A lo menos aprendan de su situación actual, gente miserable, que es lo que en verdad les espera después de la muerte. Muchos de ustedes . . . en verdad, según ustedes mismos dicen, la mayoría de ustedes . . . están en necesidad, soportando frío y hambre, y trabajando en trabajos agotadores. Pero su dios lo permite. O él no quiere ayudar a su pueblo, o él no puede ayudarlos. Por tanto, o él es dios débil, o es injusto. . . . ¡Fíjense! Para ustedes no hay sino amenazas, castigos, torturas, y cruces. . . . ¿Dónde está su dios que los promete ayudar después de resucitar de entre los muertes? El ni siquiera los ayuda ahora y aquí. Y los romanos, sin la ayuda del dios de ustedes, ¿no gobiernan todo el mundo, incluso a ustedes también, y no disfrutan los bienes de todo el mundo?

“Mientras tanto, ustedes viven en incertidumbre y ansiedades, absteniéndose aun de los placeres decentes. Ustedes no asisten a los juegos deportivos. No tienen ningún interés en las diversiones. Rechazan los banquetes, y aborrecen los juegos sagrados. . . . Así, pobres que son, ni resucitarán de entre los muertos ni disfrutarán de la vida ahora. De esta manera, si tienen ustedes sensatez o juicio alguno, dejen de fijarse en los cielos y en los destinos y secretos del mundo. . . . Aquellas personas que no pueden entender los asuntos civiles no tienen esperanza de entender los divinos.”5

Cuando yo leí por primera vez la acusaciones que los romanos hicieron contra los cristianos, me sentí mortificado porque ninguno acusaría a los cristianos de hoy en día de estas cosas. Nadie nos ha acusado jamás de estar tan absorto en los negocios del reino celestial que descuidamos lo que este mundo ofrece. De hecho, los cristianos de hoy son acusados de lo contrario—de ser avaros y de ser hipócritas en nuestro culto a Dios.
Un amor sin condición

En ninguna otra época de la iglesia cristiana se ha visto un amor como el que había entre los cristianos primitivos. Y los vecinos romanos no pudieron sino verlo. Tertuliano relata que los romanos exclamaban: “¡He aquí cómo se aman los unos a los otros!”6

Justino explicó el amor cristiano de esta manera: “Nosotros que antes estimábamos ganar la riqueza y los bienes más que cualquier otra cosa, ahora traemos lo que tenemos a un fondo común y lo compartimos con el que padece necesidad. Antes nos aborrecíamos y nos destruíamos. Rehusábamos asociarnos con gente de otra raza o nación. Pero ahora, a causa de Cristo, vivimos con aquellas gentes y oramos por nuestros enemigos.”7

Clemente describió la persona que conoce a Dios de esta manera: “Por amor a otro él se hace pobre a sí mismo, para que no pase por alto ningún hermano que tenga necesidad. Comparte, especialmente si cree que él puede soportar la pobreza mejor que su hermano. También considera que el sufrir de otro es su propio sufrir. Y si sufre algo por haber compartido de su propia pobreza, no se queja.”8

Cuando una enfermedad fatal inundó el mundo entero en el tercer siglo, los cristianos eran los únicos que cuidaban a los enfermos. Los cuidaban aunque corrían el peligro de contagiarse ellos mismos. Mientras tanto, los paganos echaban a las calles a los enfermos, miembros de sus propias familias, para protegerse de la enfermedad.9

Otro ejemplo ilustra el amor fraternal de los cristianos y su entrega total al señorío de Cristo. Cuando un actor pagano se convirtió en cristiano, se dio cuenta de que no podía seguir en su empleo. Sabía que las obras dramáticas fomentaban la inmoralidad y estaban empapados en la idolatría pagana. Además, el teatro a veces hizo homosexuales a los muchachos con el propósito de prepararlos para hacer mejor el papel de mujeres en las obras. Pero ese actor recién convertido no tenía ninguna otra pericia para el empleo. Por eso, él propuso establecer un colegio para enseñar el drama a alumnos incrédulos. Sin embargo, primero presentó su plan a los ancianos de la iglesia para oír sus consejos.

Los ancianos le dijeron que ya que la profesión de actor era inmoral, le sería inmoral enseñar esa profesión a otros. No obstante, esa cuestión era nueva para ellos. Escribieron una carta a Cipriano en Cartago, la ciudad más cercana, para pedir sus consejos también. Cipriano estaba de acuerdo con ellos en que un cristiano no debía enseñar una profesión que él mismo no podía practicar.

¿Cuántos de nosotros estaríamos tan preocupados por la justicia que presentaríamos nuestros planes de empleo a los ancianos de la iglesia o a una junta de diáconos? ¿Y cuántos ancianos hay en la iglesia actual que estarían tan preocupados por no ofender a Dios que tomarían una posición semejante tan firme?

Pero eso no es el fin de la historia. Cipriano también dijo a la iglesia que debían estar dispuestos a sostener económicamente al actor si no podía ganarse la vida de otra manera—de la misma manera que sostenían a los huérfanos, o a las viudas y a otras personas necesitadas. Pero escribió más: “Si la iglesia allí no tiene los recursos para sostenerlo, él puede trasladarse para acá y le daremos lo que le falte para ropa y comida”.10

Cipriano y su iglesia ni siquiera conocían a ese actor, mas estaban dispuestos a sostenerlo sólo porque era creyente, compañero en la fe. Fue así como un cristiano dijo a los romanos: “Nos amamos los unos a los otros con amor fraternal porque no conocemos el odio.”11 Si los cristianos de hoy en día se atrevieran a decir tal cosa al mundo, ¿lo creería el mundo?

El amor de los cristianos no se reservó sólo para otros creyentes. Los cristianos primitivos ayudaban también a los incrédulos: los pobres, los huérfanos, los ancianos, los enfermos, los náufragos . . . y aun a sus perseguidores.12 Jesús había dicho: “Amad a vuestros enemigos . . . y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5.44). Los cristianos primitivos recibieron estas palabras como un mandamiento del Señor, no como un ideal bello pero poco práctico para la vida actual.

Lactancio escribió: “Si todos nos hemos originado de un hombre, quien fue creado por Dios, claramente pertenecemos a una sola familia. Por esta razón lo tenemos por abominación el aborrecer a otra persona, no importa cuán culpable sea. Por este motivo, Dios ha ordenado que no aborrezcamos a nadie, sino más bien que destruyamos el odio. De esta manera podemos consolar aun a nuestros enemigos, recordándoles que somos parientes. Porque si todos hemos recibido la vida de un solo Dios, ¿qué somos sino hermanos? . . . Y ya que somos hermanos, Dios nos enseña a nunca hacer el mal a otro, sino sólo el bien—auxiliando a los oprimidos y abatidos, y dando comida a los hambrientos.”13

Las Escrituras enseñan que el cristiano no debe llevar su hermano ante la ley. Al contrario, debe sufrir el ser defraudado por su hermano, si fuera necesario (1 Corintios 6.7). No obstante, como abogado he visto que los cristianos de hoy en día no temen demandar a su hermano ante la ley por algún daño que han recibido. Doy un ejemplo de un caso perturbador que sucedió hace poco en la ciudad donde vivo. Un alumno en un colegio cristiano trabajaba en la escuela en sus horas libres para ayudar a pagar su instrucción. Un día se desmayó a causa de los vapores de un insecticida que aplicaba por el colegio. Tuvo que ser hospitalizado por un día. El colegio aparentemente aplicaba mal el insecticida. ¿Y qué resultó? Los padres del alumno demandaron ante la ley al colegio por más de medio millón de dólares. Por contraste, los cristianos primitivos no sólo rehusaban llevar ante la ley a sus hermanos cristianos, la mayoría de ellos no llevaban ante la ley a nadie. A la vista de ellos, todo ser humano era su hermano o su hermana.

No debemos extrañarnos de que el cristianismo se extendió rápidamente de un extremo del mundo a otro, y eso aunque había pocas organizaciones misioneras y pocos programas de evangelismo. El amor que practicaban llamaba la atención del mundo, así como Jesús había dicho.
Una fe en Dios como la de niño

Para los cristianos primitivos, tener fe en Dios significaba mucho más que dar un testimonio conmovedor del “momento en que fijé mi fe en el Señor”. Significaba que creían que Dios era digno de confianza aun cuando creer en él los involucraba en gran sufrimiento.

“Una persona que no hace lo que Dios ha ordenado revela que realmente no tiene fe en Dios,”14 declaró Clemente. Para los cristianos primitivos, decir que uno confiaba en Dios y rehusar a obedecerle era una contradicción (1 Juan 2.4). El cristianismo de ellos era más que meras palabras. Un cristiano del segundo siglo lo expresó así: “No decimos grandes cosas . . . ¡las vivimos!”15

Una señal distintiva de los cristianos primitivos era su fe como de niño y su obediencia literal a las enseñanzas de Jesús y de los apóstoles. Ellos no creían que tenían que entender la razón por el mandamiento antes de obedecerlo. Sencillamente confiaban que el camino marcado por Dios era el mejor camino. Clemente preguntó: “¿Quién, pues, tendrá tanto descaro como para descreer a Dios, y demandar de Dios una explicación como si él fuera hombre?”16

Confiaban en Dios porque vivían en el temor de su majestad y sabiduría. Félix, un licenciado cristiano en Roma, contemporáneo de Tertuliano, lo expresó de esta manera: “Dios es mayor que todos nuestros pensamientos. El es infinito, inmenso. Sólo él mismo comprende la inmensidad de su grandeza; nuestro corazón es muy limitado como para comprenderlo. Lo estimamos como es digno de ser estimado cuando decimos que está más allá de nuestra estimación. . . . Quien piense que conoce la grandeza de Dios, disminuye su grandeza.”17

El ejemplo más grande de la fe de los cristianos primitivos lo vemos en la buena acogida que dieron a la persecución. Desde el tiempo del emperador Trajano (alrededor del año 100 d. de J.C.) hasta el edicto de Milán proclamado en 313, ser cristiano era ilegal dentro del imperio romano. En verdad, era delito que se castigaba con la muerte. Pero los oficiales romanos, por lo general, no buscaban a los cristianos. Los pasaban por alto a menos que alguien los acusara ante la ley. Por eso, a veces los cristianos sufrían la persecución; a veces, no. O los cristianos en una ciudad sufrían torturas inhumanas y hasta la muerte, mientras en otra ciudad vivían tranquilos. Así ningún cristiano vivía seguro. Vivía con la sentencia de muerte descansando sobre su cabeza.

Los cristianos primitivos estaban dispuestos a sufrir horrores indecibles—y hasta morir—antes de negar a Dios. Esto, en unión con su vida ejemplar, servía de herramienta eficaz en el evangelismo. Pocos romanos estaban dispuestos a dar su vida por sus dioses. Cuando los cristianos morían por su fe en Dios, daban testimonio del valor de ella. En verdad, la palabra griega para “testigo” es mártir. No es de extrañarse, pues, que esta misma palabra es también la palabra que los griegos usaban para “mártir”. En varias citas de la Biblia donde leemos nosotros de ser testigos, los cristianos primitivos entendían que hablaba de ser mártires. Por ejemplo, Apocalipsis 2.13 dice que “Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros”. Los cristianos primitivos entendían que el pasaje decía: “Antipas mi mártir fiel”.

Aunque muchos cristianos trataban de huir de la persecución local, no intentaron salir del imperio romano. Como niños, creían que su Maestro hablaba la verdad cuando dijo que su iglesia se edificaría sobre una roca y las puertas del Hades no prevalecerían contra ella. Bien sabían que millares de ellos podrían encontrarse con muertes terriblemente injustas. Podrían padecer torturas agudísimas. Podrían terminar en las prisiones. Pero estaban plenamente convencidos de que su Padre no permitiría que la iglesia fuera aniquilada. Los cristianos aparecieron ante los jueces romanos con manos indefensas, proclamando que no usarían medios humanos para tratar de preservar la iglesia. Confiaban en Dios, y sólo en Dios, como su Protector.

Los cristianos primitivos creían lo que Orígenes dijo a los romanos: “Cuando Dios permite que el tentador nos persiga, padecemos persecución. Y cuando Dios desea librarnos de la persecución, disfrutamos de una paz maravillosa, aunque nos rodea un mundo que no deja de odiarnos. Confiamos en la protección de aquel que dijo: ‘Confiad, yo he vencido al mundo’. Y en verdad él ha vencido al mundo. Por eso, el mundo prevalece sólo mientras permite que prevalezca el que recibió poder del Padre para vencer al mundo. De su victoria cobramos ánimo. Aun si él desea que suframos por nuestra fe y contendamos por ella, que venga el enemigo contra nosotros. Les diremos: ‘Todo lo puedo en Cristo Jesús, nuestro Señor, que me fortalece’.”18

Cuando era joven, Orígenes había perdido a su padre en una ola de persecución, y él mismo al fin moriría de la tortura y la encarcelación a manos de los romanos. A pesar de todo, con confianza inquebrantable les dijo: “Con el tiempo toda forma de adoración será destruida excepto la religión de Cristo. Únicamente ésta permanecerá. Sí, un día triunfará, porque sus enseñanzas asen la mente de los hombres más y más cada día.”

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MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 6:44 pm    Título del mensaje: Responder citando

Cheito escribió:
janhm escribió:
Debido a que mi intención es traer la historia del cristianismo en sus comienzos, no voy a intervenir en ninguna discusión ya que muchas de las equivocaciones que cometemos en ligar el cristianismo con los desmanes de la Iglesia Católica
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MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 6:48 pm    Título del mensaje: Responder citando

multiverso escribió:
Cheito escribió:
janhm escribió:
Debido a que mi intención es traer la historia del cristianismo en sus comienzos, no voy a intervenir en ninguna discusión ya que muchas de las equivocaciones que cometemos en ligar el cristianismo con los desmanes de la Iglesia Católica
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MensajePublicado: Mar Ene 29, 2013 7:00 pm    Título del mensaje: Responder citando

janhm escribió:
multiverso escribió:
Cheito escribió:
janhm escribió:
Debido a que mi intención es traer la historia del cristianismo en sus comienzos, no voy a intervenir en ninguna discusión ya que muchas de las equivocaciones que cometemos en ligar el cristianismo con los desmanes de la Iglesia Católica
Tienes razón hemos hablado del fin del cristianismo original, y no de sus orígenes. Mejor le dejo que publique lo que tiene por ahí de material sin interrupción.


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